

El hecho de que una profesional médica, que era solo semicreyente, algo escéptica, acepte el desafío de investigar la naturaleza o el origen de aquellas experiencias de tipo espiritual que sus pacientes enfermos y/o niños moribundos le contaban luego de regresar de una muerte aparente o un estado de coma, o cuando esta muerte se aproximaba, y perseverar en hacer esto durante varias décadas, le da mucho peso al valor de sus hallazgos.
Una de las principales conclusiones de la dra. Ross es que en el momento de la muerte nuestros amigos y/o familiares que murieron antes que nosotros nos esperan para reunirnos con ellos en una forma de existencia diferente.
URL: https://www.planetadelibros.com/libro-la-muerte-un-amanecer/393511
TÍTULO
La Muerte, un amanecer
Publicado en
1989
Publicado por
Ediciones Luciérnaga
Perfil del autor
Elizabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra y tanatóloga suiza (1926-2004). Por su trabajo de acompañar a moribundos recibió veintiocho títulos honoris causa. En EEUU gozó de gran reputación en el campo de la tanatología, ejerciendo también la docencia en distintos hospitales y universidades. Pero cuando decidió informar lo que le compartían sus enfermos moribundos sobre sus experiencias extracorporales e ”incursiones en el más allá” sus colegas comenzaron a establecer una línea divisoria con ella y a tratarla como “trastornada” o “rara”.
Capítulos
- Prólogo
- Introducción
- Vivir y morir
- La muerte no existe
- La vida, la muerte y la vida después de la muerte
Nuestro resumen
( Eduardo Fulco – 28/Mar/2025)
– El libro presenta resúmenes de conferencias y enseñanzas de la dra. Elisabeth Kübler-Ross, a saber: (…)
Nuestro comentario
( Eduardo Fulco – 28/Mar/2025)
– La autora fue y es muy conocida por su gran dedicación y entrega a los moribundos. Lo que ellos le contaban la impulsaron a investigar e indagar la posibilidad de una vida después de la muerte.
– Su investigación y resultados son realmente importantes. Una de sus investigaciones se centró en la atención a niños moribundos tras accidentes de tráfico con sus familias. Analizó casos desde California hasta Sidney, Australia, de niños blancos y negros, aborígenes, esquimales, sudamericanos y adolescentes libios (muchas veces después que éstos se despertaran del coma y antes de morir definitivamente). Cada niño que mencionaba que alguien lo estaba esperando cuando estaba cerca de morir, nombraba a una persona que realmente lo había precedido en la muerte, aunque fuera por solos unos minutos… y, sin embargo, ninguno de esos niños había sido informado del fallecimiento reciente de ese familiar. (…)